Accidente de autobús en la AP7

Accidente de autobús en la AP7

Esta ha sido la noticia del fin de semana. Un autobús con estudiantes, que regresaban a Barcelona de pasar el día en las Fallas de Valencia ha sufrido un accidente con resultado de muertes.

En estas situaciones, instintivamente, todos buscamos culpables. Por supuesto, todas las miradas se dirigen al conductor: controles de alcoholemia, estupefacientes, etc. A continuación, estado del autobús, revisiones, itv, estado del mismo y antigüedad.

El cargo es claro, homicidio involuntario, regulado en el Código Penal, en su art. 142 como homicidio imprudente, con penas de hasta 10 años. Multiplicado por el número de víctimas (en este caso, 13).

Analicemos, el conductor, un profesional en la materia, reconoce haberse dormido. ¿Podríamos considerar imprudencia el dormirse?

Examinemos la situación actual. Vivimos en el sector turismo un momento en el cual los precios van siempre a la baja. El cliente quiere viajar, sí. Pero quiere viajar barato.
Una de las formas más comunes de abaratar costes es reducir el número de noches. 20 € costaba esta excursión de estudiantes a Valencia. “Ya dormiréis en el autobús”, rezaba en el programa de venta. Y este caso no es el único. Todos (o casi) quieren subir al autobús para iniciar el viaje a las 12 de la noche. De esta manera, aprovechamos el día de llegada, dicen. ¿En cuántos programas de viaje podemos leer el consabido “noche en ruta”? ¿Qué ahorramos con esto? ¿25? ¿30 euros?

Revisamos las condiciones laborales de un conductor.
Un piloto aéreo posee una nómina de miles de euros y una jubilación anticipada regulada porque arriesga vidas de otras personas.
Un guardia civil se puede jubilar a los 55 años con una nómina 2 veces superior a la de un conductor, porque no rendirá de igual modo en su trabajo.

Un conductor de autobuses, por poco más de mil euros (con un poco de suerte) y una vida laboral exactamente igual al del resto de españolitos, lleva a su cargo centenares de vidas diariamente.

Es raro el viaje en el que al inicio de éste no se dirijan al conductor con la siguiente recomendación: “Cuidado, que llevas a mi familia dentro”. Qué curioso, la primera vida en peligro, siempre, es la del conductor. Lo más lógico es que el profesional piense que la vida más importante que lleva dentro del autobús es la suya propia (al menos, yo lo pienso con respecto a la mía), y pobre de él si tiene un accidente y no muere. Sí, pobre, porque, entonces, será el culpable de las posibles víctimas ocasionadas.

En la cabina del conductor se aprende mucho. Se lo aconsejo a muchos turistas: “Chófer, no corras”, “Chófer, no me gusta la música”, “Chófer, pon una película”, “quita el aire”, “pon el aire”, “cuenta un chiste”. Y suma y sigue…
Si no lo hacen, son quejas, ya que ese conductor es un aburrido que no les da charla (no importa su forma de conducir, es lo de menos).
Pero, ¡ay! Si el conductor da un volantazo mientras cambia la radio o pone el aire, el grito es unánime: ¡Qué nos matas! Y como se encuentre hablando para agradar a los clientes, resulta que el conductor no iba pendiente de la carretera.

Son profesionales de la conducción, llevan nuestras vidas en sus manos. Olvidad si son cantantes o no, lo importante es que conduzcan, y que lo hagan bien.

Desde entonces, los autobuses han evolucionado mucho.

Desde entonces, los autobuses han evolucionado mucho.

En este caso, en concreto, del accidente en la AP7, nos encontramos con otra variable: las horas de descanso.
Según la legislación vigente, un conductor debe tener un mínimo de descanso de 9 horas. En este caso eran 15 las que había cumplido. Pero ¿Qué entendemos por descanso? Estoy segura que no entendemos la palabra descansar a estar haciendo tiempo en Valencia en plenas fallas, cuando la pólvora se escucha a decenas de kilómetros.

¿Por qué la empresa no contrató un hotel donde los conductores fueran a dormir durante ese tiempo? La respuesta es fácil: ahorro de costes, precios competitivos con otras empresas que, al final, repercuten en las condiciones laborables de los profesionales.
¿Alguien piensa que es fácil dormir en un autobús? Aún sin ruido, hay calor o frío (según la época del año), es incómodo, hay que buscar comida, un lugar donde realizar las necesidades fisiológicas durante 15 horas, ¡15 horas!

Estamos hablando de personas normales y corrientes, no tienen ningún chip especial, no hay ningún interruptor en su cuerpo que ordene cuándo dormir o cuándo despertar.
Sí, había cumplido las horas establecidas de descanso, pero ¿habían existido esas condiciones idóneas para descansar?
Los pasajeros suelen dormir una vez el cansancio les gana, normalmente, en la madrugada, cuando el sol hace acto de presencia. Esa es la hora en la que el sueño se adueña del cuerpo de los pasajeros.

¿Alguien se ve capaz de dormir en la parte trasera de un autocar entre las 20:00 y las 3:00 de la madrugada en un Valencia en fiestas? Es más, en vuestra propia cama, decidís que debéis dormir de 17:00 a 23:00… ¿y lo conseguís siempre? El cuerpo humano tiene su propio reloj biológico. Se come cuando se está hambriento. Se duerme cuando hay sueño.

Y, llegados al final, ¿Quién es el culpable?

¿El conductor que se ha dormido durante unos segundos?

¿El gobierno y sus representaciones, que no toman las medidas para que se cumpla la ley? No sólo que se cumpla, sino que se cumpla bien, que todos sabemos de las trampas que se hacen (como no dormir en las condiciones adecuadas y necesarias)
La jubilación anticipada en la profesión de conductor debería ser un hecho regulado y aprobado. Si un piloto se jubila a temprana edad porque hay vidas en peligro mientras trabaja, cuál es la razón para que un conductor no lo haga. Este sector requiere de una revisión y reforma legislativa inmediata.

Seguimos con los culpables.
¿Es el empresario transportista que no reserva una habitación de hotel para que su trabajador descanse adecuadamente? ¿O lo es cuando se trampean los tacógrafos para que el conductor pueda trabajar más horas sin incumplir la ley? Y si el trabajador se niega a trampear los discos o a reclamar su descanso, la respuesta es simple y segura: ya sabes donde está la calle, hay cientos esperando tu puesto.

El turista/comprador final, que quiere precios imposibles, ese que compra vuelos low cost en compañías aéreas que no disponen de tiempo material para revisar sus aviones o que obliga a abaratar costos que acaban siendo rebajas salariales o precariedades en las condiciones laborales de los trabajadores. Ese turista, ese comprador, ¿no es también un poco culpable? Es como el que compra prenda que sabe hechas por niños explotados en países tercemundistas…

Creo que en el momento que exigimos esos precios imbatibles a la hora de comprar nuestro viaje, TODOS SOMOS UN POCO CULPABLES.