La mujer del 2o16

8 de  Marzo, día Internacional de la Mujer Trabajadora

 

 

Hace pocos días fui testigo de una discusión entre varias mujeres. Debo decir que primero quedé perpleja, después sentí rabia y frustración. Hoy siento pena.

 

Tras la salida de un restaurante, y comentando el servicio de los camareros, una de ellas defendía éste y otra, se vanagloriaba de no haber tenido nunca que servir un café o hacer una cama para otra persona (de hecho, ni para ella misma). Cada cual puede (y debe) sentirse orgulloso de lo que estime oportuno, pero no puedo dejar de reconocer que quedé atónita.

 

A estas alturas del s. XXI, que una señora presuma de haber hecho un buen matrimonio (como el que hace un buen contrato), que su marido tenga dinero para mantenerla, y su marido, su marido… (parece ser que ella sólo era un apéndice), pues me parece estupendo. Pero es que no sólo se enorgullecía de eso, sino que despreciaba a aquellas que llenan su olla de garbanzos (por aquello del refrán) gracias a su esfuerzo y trabajo diario. Fue en ese momento (el del desprecio), cuando mi perplejidad creció hasta alturas inusitadas. “Que le den por culo a la que tenga que hacer esos trabajos”, dijo.

 

Soy mujer, soy trabajadora. Soy mujer trabajadora. Trabajo, y mucho. Y sigo siendo muy mujer; con los ovarios bien puestos, diría yo. Y me apena que tras siglos de lucha por la igualdad de la mujer, una persona de mi propio género se crea en el derecho de subestimar a otra del mismo género por utilizar sus manos y su inteligencia al servicio de otras personas y en beneficio económico propio y familiar (eso se llama trabajo remunerado).

Sinceramente, no sé si estas palabras fueron fruto de la soberbia y la arrogancia o de la más pura estupidez y necedad. Ustedes valoren.

 

Cercano el 8 de Marzo, día Internacional de la mujer trabajadora, no puedo menos que hacer repaso de la mujer en la historia.

 

La primera matemática de la que se tiene conocimiento es Hipatia de Alejandría (s. IV ó V). Astrónoma, y estudiosa del álgebra y la geometría. Asesinada por sus ideas, pero, sobre todo, porque esas ideas pertenecían a una mujer. La desnudaron y golpearon hasta descuartizarla. Sus restos fueron paseados por la ciudad.

Avanzando unos siglos, por no resultar farragosa esta lectura, en la Revolución Francesa, las mujeres marcharon hacia Versalles reclamando igualdad social bajo el lema de la Revolución: “Libertad, igualdad y fraternidad”.

Por aquel entonces, la escritora y filósofa inglesa Mary Wollstonecroft, escribía: “No deseo que las mujeres tengan poder sobre los hombres, sino sobre ellas mismas”.

 

 

Ya en España, la gallega Concepción Arenal, en el s. XIX, para asistir a clases de Derecho en la Universidad Complutense, vestía de hombre. Aunque casada y con hijos, escribió mucho sobre materias judiciales y sociales.

 

El 25 de Marzo de 1911, tuvo lugar un hecho de tal importancia en la historia, que a su raíz se realizaron importantes cambios legislativos en los Estados Unidos. Esto fue el incendio ocurrido en la fábrica de camisas Triangle Shirtwaist, en Nueva York. Más de 140 mujeres murieron en este incendio. Sólo protestaban por mejorar sus condiciones laborales. Fueron encerradas para evitar robos y alteraciones y cuando el incendio se produjo… Las dejaron morir.

En conmemoración de la muerte de estas mujeres se consolida la celebración del día de la mujer trabajadora.

mujer igual hombre

IGUALDAD

 

Clara Campoamor, abogada y política, nacida en Madrid y fallecida en el exilio, en Suiza, consiguió que se aprobara el art. 36 en la II República, artículo que posibilitaba el sufragio femenino (hasta entonces, podían ser elegidas, pero no elegir).

RAE feminismo

FEMINISMO, SEGÚN LA RAE

 

Llegando a tiempos actuales, la RAE define el feminismo como “La ideología que defiende que las mujeres deben tener los mismos derechos que los hombres”.

 

 

 

 

 

 

Y es que, el feminismo, al contrario de lo que muchos piensan, no es creer que los hombres son inferiores a las mujeres, sino creer en la importancia de la igualdad de género. Pensar que hombres y mujeres somos iguales en derechos y libertades. Que no tiene importancia quien friegue o haga la compra en casa, ni quien aporte el dinero. Que un hombre no pierde su virilidad por realizar las tareas de la casa, ni una mujer su feminidad por pagar la hipoteca y la comida. QUE SOMOS IGUALES.

 

Y después de tantos siglos de lucha, de tantas muertes y tantos odios, que una mujer considere que el mayor mérito para nosotras es haber hecho un buen matrimonio, ¿no es patético?

Sinceramente, prefiero hacer la cama y los baños de otros, que hacer contratos de mantenida, o ser mujer florero.

 

 

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Juicio por despido improcedente

Hoy, más que nunca, creo en la justicia.

Inicié mis estudios de derecho pensando en un mundo idílico/utópico en el que mi carácter rebelde y luchador encontraría la forma de hacer justicia.

Con el paso de los años, mi vida laboral caminó por otros derroteros, sin perder nunca de vista las injusticias y tropelías cometidas a mi alrededor. No es necesario encender el televisor para verlo, sólo pasarte a observar cómo el dinero y el poder hacen de las personas auténticos dictadores.

No creo en este ordenamiento jurídico en contínuo cambio, al viento del partido que en ese momento se encuentre en el poder, pero sí creo en las personas. No creo en los jueces elegidos a dedo para juzgar a altas personalidades que, resguardados por su poder y fortuna, son tratados por leyes que no son de este mundo. Ni del otro.

Pero sí creo en los magistrados que día a día desarrollan su labor en juzgados de primera instancia, enfrentándose a las inclemencias de falta de personal, o cualesquiere otros recortes a los que la crisis nos está llevando.

Mi inclinación hacia el Derecho Laboral y las circunstancias que me han acaecido en los últimos años no han menguado mi fe en las personas anónimas que siguen luchando por una justicia igualitaria para todos.

Por esos abogados que todavía creen en lo que hacen, que, aún con el paso de los años, siguen luchando en las salas de los juzgados por defender a aquellos que lo necesitan, involucrándose sin límites. Por esos jueces que no se dejan amedrantar por grandes empresas, ni grandes nombres.

Y es que todavía creo que el tiempo pone a cada uno en su lugar. El tiempo, que no necesita una sala de vistas , porque no hay mayor justicia que la que nos da el paso de los días, de los meses… Y, aunque sea una persona impaciente para algunas situaciones, sigo pensando que sólo hay que dejarlo transcurrir para que todo vuelva a su cauce.

Nuestra Carta Magna dicta en su art. 33 que todos somos iguales ante la ley. Sé que hay ocasiones que no lo parece. Pero cuando escuchas a tu lado, justo en la entrada del despacho de un secretario judicial, a un personaje quejándose a su representante porque tú, esa ínfima persona en la que no había deparado hasta ese momento, esté a su altura y tenga el mismo derecho que él para entrar en ese despacho o moverse por los juzgados, piensas en que la justicia existe. “¿ Estos por qué entran también?” Esa frase sigue resonando en mi cabeza y vuelvo a tragar las palabras que en ese momento no pronuncié… ¿Será porque tú no eres más que yo y es aquí donde se demuestra?

Que su altanería, arrogancia y soberbia de poco le sirven para enfrentarse ante el juez, sino que debe escuchar callado cómo tratan de inepto a su mano derecha, el que ejecuta sus órdenes y mandatos. El ejecutor. Porque este tipo de persona, nunca ejecuta, siempre tiene un fiel rottwiler que les haga el trabajo sucio.

Y es que es algo frecuente y con lo que me he encontrado en los últimos tiempos. Personas incapaces de desarrollar sus tareas, que ocultan sus debilidades e ineptitud tras la vara de mando. Tras un “aquí mando yo”, y es que no tienen más justificación que esa.

Como decía Unamuno “Venceréis pero no convenceréis”. Venceréis porque el poder está en vuestra mano, pero no porque la razón esté de vuestra parte.

Esas personas, justo esas personas, que tratan a sus subordinados de forma denigrante, amenazante… Esas, son las más incompetentes y torpes. Y es que es su medio para ocultar su escasa inteligencia.

Cuando un superior o un compañero de trabajo que conlleve cierto mando te ultraje y trate de forma humillante, piensa que sólo tiene miedo, miedo a que puedas demostrar tu valía, miedo a que todo el mundo se dé cuenta de su escasez de conocimientos.

Por todo esto, vuelvo a repetir, hoy creo en la justicia más que nunca.

Tú, que sabes quien eres, y que de una manera u otra, este escrito llegará a ti, te digo sólo una cosa: Serás soberbio, serás altanero, orgulloso, arrogante, vanidoso… pero delante del magistrado agachaste la cabeza, porque, en el fondo de tu ser sabías que la razón (la de verdad) no estaba de tu parte. Tú, que movías la cabeza, queriendo negar en lo más profundo de ti aquello que estabas oyendo, sabiendo que era imposible. Sentado en el banco de al lado te veía cabizbajo reducir tu altura por momentos.

Sí, tú, supongo que habrás comprendido que a un juez no le puedes aducir el “porque hago lo que quiero” o “porque mando yo”. ¿Qué vas a contar ahora?

Y tus súbditos, esos que se vendieron ante tus palabras y amenazas ¿dónde están ahora? ¿Sabrán consolarte?

Ese rebaño que te sigue, como sigue una oveja al pastor, incapaz de pensar por sí solo y mucho menos de colocarse al lado del compañero. Con ellos, tu método funciona, con el mío, con la justicia, no. Y es que no se puede temer más al pastor que al lobo.

Creo en la justicia.

Y creo en esas personas anónimas que surgen no se sabe  dónde para apoyarte y animarte, Personas que nunca antes habían cruzado una palabra, que ni tan siquiera conoces en un cara a cara, que se unen a tu lucha, sin más pago que tu eterno agradecimiento.

Creo en mi familia, que siempre está a mi lado, que me escucha sin juzgar. Y que me apoya más allá de lo inimaginable.

A vosotros, personas arrogantes y altaneras que creiaís que nadie os iba a destronar, me hubiera gustado ver vuestras caras cuando la justicia se ha plantado ante vosotros.

Por esto, y por mucho más, me gustan mis estudios. Creo en el derecho de hombres y mujeres a ser tratados dignamente y es por ello que hoy me siento orgullosa de ser lo que soy: Luchadora hasta la muerte.

Mi nombre es Aquilina Mª Pérez Titos, y soy abogada.

Este procedimiento no ha terminado todavía pues continua en instancias superiores. Hay  quien es incapaz de reconocer que ha perdido.Victoria de Samotracia