Despido improcedente (II)

tarjeta visitaDESPIDO IMPROCEDENTE II

Hace aproximadamente un año, escribí un post acerca de un despido improcedente. Ese post finalizaba, exactamente, con estas palabras: “Este procedimiento no ha terminado todavía, pues continua en instancias superiores. Hay quien es incapaz de reconocer que ha perdido”. Pues bien, casi un año después, puedo decir que hemos ganado de nuevo, que ese recurso ante el Tribuna Superior de Justicia de Valencia no llegó a buen puerto y hemos ganado la segunda batalla.

Debo reconocer que han sido dos años duros. Más de un año transcurrido entre el despido y la primera sentencia y otro año para esta segunda. Pero ha merecido la pena. Y ha merecido la pena no sólo por ver cómo ganábamos de nuevo, ha merecido la pena al comprobar cómo el tiempo, tan sabio, coloca a cada uno en su lugar.

Podría publicar las sentencias, de hecho, se pueden encontrar en cualquier buscador de jurisprudencia. Podría difundir el video del primer juicio, al fin y al cabo fue una vista pública. Pero no, no es venganza lo que busco, ni tan siquiera dar carnaza a esos corrillos tan habituales en aeropuertos y bares en este sector profesional. Sé que mi mensaje llegará a quien debe, de eso, estoy segura. No busco nada. Simplemente, agradezco.

Con la Reforma Laboral del año 2012 en la que se elimina la obligación del empresario de pagar los salarios de tramitación, éstos alimentan su posible soberbia, además de su bolsillo.

Una reforma muy parecida en Francia, ha hecho que millones de personas salgan a las calles como forma de protesta. Aquí sólo salimos si nuestro equipo gana un campeonato, de hecho, sólo lloramos si pierde. Pero eso es otra historia.

Como explicaba, los salarios de tramitación desaparecen. Eso significa que desde el momento del despido hasta el día de la última sentencia no nos van a pagar nada. Absolutamente nada. Claro, con este respaldo, poco importa alargar en el tiempo las penurias ajenas, cuanto más sufra el trabajador en la espera, mejor. Puede que llegue a cansarse, o que llegue a pensar que este orgulloso gerente estaba legitimado para despedirle. Porque el recurrir o no, no es sólo cuestión de dinero, es un intento más de humillación.

Cuando se produce un despido, primeramente hay que acudir, de forma obligatoria, al SMAC (Servicio de Mediación, Arbitraje y Conciliación). Ahí, lo normal es que el empresario no comparezca. Asusta pensar en que “lo normal” es que te desprecien en un primer intento de solución. Y que la ley no pueda hacer nada ante esto.

Unos 8 ó 9 meses después tiene lugar la vista oral, y unos 6 meses más tarde, se dicta la primera sentencia. Tras esta primera sentencia, y a la vista de que no puede aportar más pruebas, lo lógico es ceder ante la evidencia y optar entre la readmisión o indemnización del trabajador. Pero tras esta Primera Sentencia conjugan también los sentimientos, el odio incontrolable de ese gerente que no ha encontrado medio de someter al trabajador y que no encuentra mejor opción que la de “joder” al mismo recurriendo a una instancia superior, en este caso, el Tribunal Superior de Justicia de Valencia.

Y pasa casi otro año para que se ponga fecha de resolución. Y a este acto, presidido por tres magistrados, el trabajador y la empresa ya no acuden, sino que son sus representantes legales los que se hacen cargo de la acusación y defensa. Bueno, de la defensa y cargo de la prueba, porque lo único que le queda al trabajador es saber que la carga de la prueba recae sobre el empresario. Este es el que debe demostrar la falta del trabajador.

Y vuelven a pasar otros dos meses para la resolución, dictado y firma de la sentencia. Y, entonces, se debe hacer firme, con lo que pasan otros diez días. Y por fin, tras dos años de espera, vuelves a ganar.

Y en esos dos años, casi, te hunden, o, por lo menos, lo intentan. (Supuestas) llamadas a empresas de la zona para que no contraten a ese trabajador bajo (supuestas) coacciones, ya que si le ofrecen un puesto de trabajo dejarán de pasarles estupendos y bien remunerados servicios (casi fantasmagóricos servicios, diría yo).

Supuestas, siempre supuestas, llamadas a empresas de otras comunidades autónomas que se asientan en la zona, advirtiéndoles de la peligrosidad de contratar a ese trabajador.

Hombre en la boca do inferno

El tiempo, el que pone a cada uno en su lugar.

Resulta, que en esta sociedad que vivimos, un trabajador que reivindique sus derechos se convierte en una persona peligrosa, casi en un delincuente. Me pregunto yo ¿y por qué no es peligroso el director, empresario o gerente que intenta aplastar esos derechos laborales, constitucionales? ¿Es ético contratar servicios de empresas que humillan y vilipendian a sus trabajadores? Porque la justicia le otorgará unos pocos miles de euros por ese despido, pero ¿quién le devuelve su integridad y su honor?

Por fortuna, como ya comenté, el tiempo, coloca a cada uno en su lugar. Y ese gerente tiene ahora un superior que lo controla y lo vigila. Esa empresa ha perdido el monopolio de la zona, que ahora se reparten en pequeñas porciones (como los quesitos).

Aquellas pequeñas empresas (supuestamente) atemorizadas por el gran rey Midas, han perdido el trabajo prometido y también la dignidad, porque sus propietarios, los mismos que se reunían contigo en el aeropuerto para chismorrear de las últimas noticias de la ciudad o con una cerveza (sin alcohol, por supuesto, que estamos hablando de un sector profesional donde no se debe beber este), ahora son incapaces de mirarte a los ojos.

Y aquellos compañeros, aquellos que hicieron frente común contra el trabajador que defendía los derechos de todos, ¿qué ha sido de ellos? ¿Qué habrá sido de aquel que llamaba “mi patrón” al gerente? Ese ya era el summum del proletariado resurgido de los años cuarenta, de la posguerra. Ese y los que le llevaban regalitos a su jefe, como los escolares llevan lápices a su maestra. A todos esos, el tiempo, siempre el tiempo: jubilaciones anticipadas, paro y súplicas por un puesto de trabajo. Tanto tiempo luchando por los derechos de los trabajadores para que en plenos siglo XXI venga uno a decir, patrón, que yo le hago la compra, o le barro el solar…

¿Qué hemos ganado, además de aquello que nos otorga la justicia en forma de sentencia? Hemos ganado mucho, más de lo que nadie pueda pensar.

Los que estáis haciendo un transfer en el aeropuerto, una excursión de colegios o de jubilados, los que estáis en el bar de vuestro gremio alrededor de esa cerveza (sin alcohol, claro), atentos, ahora viene lo que hemos ganado:

  • 2 sentencias

  • 1 guerra

  • la razón

Y, sobre todo, saber quienes de los que nos rodean merecen la pena y quienes no. Aquellos que nos han apoyado pese a las (supuestas) llamadas y aquellos que no sólo nos dieron la espalda, sino que arrastraron nuestro nombre por todos los bares y cuchitriles habidos y por haber.

¿Os parece poco?

 

Anuncios